Mariapalito

Hace unos días hablaba con un amigo a quien admiro. Como persona, por su coherencia. Como escritor, por su imaginación creativa. Por sus valientes publicaciones de denuncia social intento aproximarme a su valor civil. Nuestro tema versaba sobre la mejor silla para el manejo del fastidioso dolor lumbar. El curso de la conversación nos llevó a las tradicionales María Palito, populares mecedoras de uso diario en el Caribe. Le recordé personajes con lumbalgia que la utilizaron como el presidente Kennedy, quien vivió con dolor crónico y solo encontraba alivio cuando se sentaba en esas mecedoras. Con gran curiosidad, me preguntó: ¿cómo se dirá María Palito en inglés? Allí arrancó esta columna.

Mariapalito es el nombre de un insecto de patas delgadas y largas, de la familia neopteros o insectos de hoja. Son frecuentes en el Caribe; se alimentan de hojas de plantas seleccionadas, según la especie. Tiene la propiedad de pasar desapercibido y se mimetiza con su entorno para defenderse. Su mordedura solo produce irritación y se ha descartado que sean mortales. Vaya pues, primer descubrimiento: las mariapalito son como los políticos, les encantan las puertas giratorias según la conveniencia. Paticas flacas, largas y descarnadas, como les decimos a las mujeres delgadas: Mariapalito.

No encontraba la asociación entre el animal y la mecedora; llamé a un hermano, quien vive relajado en el campo en Córdoba. La primera respuesta provino del encargado del ordeñe que estaba a su lado: Estaban hechas solo de palos. Recuérdese que en la costa el nombre compuesto define particularidades de las personas. A las que sufren ataques de belleza y se contemplan mucho, les dicen “Mariaespejo”; aquellas que desde niñas tienen particularidades de ambos géneros, “Mariamacho”. A las que les gustan los vestidos, Mariatrapo…

No contento con esta respuesta, acudí a un artista del Caribe especialista en temas autóctonos y costumbres de la región. Es el número uno y entre sus obras destaco las pinturas de cercas de púas y varetas. Desconocía exactamente el porqué del nombre, pero me contó una anécdota fabulosa. La hija de un Nobel estaba en Cartagena, embrujada con nuestras costumbres. Iba a comprar una casa e hizo dos demandas antes de cerrar el negocio. Primera: que los vecinos no dejaran la costumbre de sentarse todas las tardes a darse “mariapalito”. Segunda: que no quitaran jamás la hamaca que tenían colgada en el quiosco interior. El vendedor no entendió estos argumentos de la “cartagringa”, y ella le explicó: “Cuando tú estás en una hamaca o sentada en una mariapalito, has solucionado ya el 50 por ciento de tus problemas”.

Pasé luego a la investigación formal; su origen lo describe en Inglaterra en 1725 (roding chair), algunos le atribuyen su invento a Benjamín Franklin. El asiento presidencial lo da John F. Kennedy, operado cuatro veces de columna y con un síndrome doloroso lumbar crónico. Múltiples intentos terapéuticos, todos fallidos. Cada cirugía con peor resultado que la anterior (lo usual: entre más se opera la columna peor le va al paciente). La primera cirugía es la clave del futuro del enfermo. Analgésicos, narcóticos y mecedora: binomio para control del dolor del expresidente.

Kennedy tenía en cada sitio donde pernoctaba una mecedora, y una contiene una intriga de picardía que mencionaré. Cuando falleció, su secretaria, de origen dominicano, rescató y conservó la que había sido tallada en Santo Domingo especialmente para él. Pues Años más tarde esta mecedora fue vendida en un remate por la bicoca de 88.000 dólares… Algunos acusan a la mujer de haberse aprovechado de la situación; otros la excusan, diciendo que el afecto por los Kennedy la habían obligado a rescatarla del san alejo. Lo cierto es que esta suma sería la envidia de nuestros artesanos de Mocari (Córdoba) que tallan las mariapalitos más espectaculares y las exponen en estanterías abiertas a orilla de la carretera negra que llevan al viajero a Montería.

La experiencia me ha enseñado que detrás de toda costumbre sana hay mucho sentido común, respaldado, aunque no la conozcamos, por evidencia científica. En mi recorrido sobre Mariapalito llegué adonde el colega médico fisiatra para hablar de ergonomía. Sorprendido por esta pregunta única me prometió investigar junto conmigo.

Desde el punto de vista ergonómico, la silla está en contacto en dos puntos sobre el suelo y pone el centro de gravedad de quien se sienta, alineándolo con los puntos de contacto y permitiendo los movimientos del cuerpo durante el balanceo. El movimiento de adelante hacia atrás es relajante y modifica el punto de gravedad, disminuyendo el trabajo muscular. Reduce la tensión sobre el dorso, permite que el tronco descanse sobre el espaldar y forma un ángulo de 90 grados en las rodillas, lo cual facilita y mejora la circulación. Este ángulo natural viene implícito en cada mecedora.

Entre otras propiedades cuyos fundamentos no encontré, están: liberación de endorfinas y alivio del dolor; incremento de la sensación de bienestar; disminución de la ansiedad, y “hamaqueo” de la depresión. El balanceo produce unos movimientos armoniosos que estimulan las articulaciones.

El estrés causa espasmo muscular sobre el tronco; el vaivén y la sensación de apoyo relajan esta musculatura dorsal: le crean al individuo una grata sensación de confort. ¡Balanceo como fuente de relajación muscular! La lactancia, ese alimento para cuerpo y alma, no tiene mejor aeropuerto para aterrizar que la madre en una mecedora. Las buenas cunas permiten balancear al recién nacido, lo tranquilizan y le inducen sueño, ¿transmisión de ocitosina?

Quizá no encontré la partida de bautismo de las mariapalito; debo seguir estudiando. Sin embargo, puedo asegurar que esta joya artesanal tiene tallado en sus curvas patas de madera el “tómalo suave” del Caribe, genoma que nos une e identifica.