REMBERTO BURGOS

M.D. NEUROCIRUJANO

La felicidad es encontrar el camino de la paz interior y devolver a tus congéneres lo que la vida generosa nos ha dado.

En este espacio quiero compartir con ustedes las columnas de opinión, las crónicas y artículos que escribo para diferentes medios de comunicación, con la intención de establecer una retroalimentación que nos nutra mutuamente y nos permita encontrar una salida pacífica y consensuada a la problemática actual de nuestra querida nación.

TEMA DE LA SEMANA

Agnosicos visuales

Estos días secos llegaron después de la temporada de lluvias de mitad de año a las Sabanas del Viejo Bolívar: Córdoba y Sucre están viviendo unas semanas sin agua y con unas temperaturas en donde el calor sofoca y oprime a la población. Los agricultores, preocupados. Sin lluvia no germinará lo plantado y es la ruleta meteorológica que se han acostumbrado a jugar los trabajadores del campo. Hay que cultivar el agua: sembrar y cosechar.

Aprovechando una mañana fresca salí a mi caminada rutinaria de una hora en Montería. El calor no les ha quitado el verde a los campos y que mejor sitio para el ejercicio que un paseo por el parque lineal mas largo del mundo: la Ronda del Sinú y su sector en el norte de la ciudad. El barrio El Recreo ya no es el de mi infancia: hay algunas casas tradicionales y los lotes vacíos se agotaron. Se levantan altos edificios, señas del urbanismo acelerado de la ciudad y quienes aprovechan las calles como parqueaderos son los propietarios de estos lujosos apartamentos. Por cierto, ¿por qué no pagan su uso? Tristes ver como casas de mi generación, de quienes antaño fueron mis vecinos, son hoy atrevidos centros comerciales que le han hecho gambeta a las normas de urbanismo y congestionan la entrada de los colindantes. Bienvenido el crecimiento de Montería, pero el desarrollo debe ser armónico y no puede esquivar las normas de planeación municipal. Es quizá el fundamento de la ética y caballerosidad ciudadana.

Voy buscando su ribera, el Sinú solemne y majestuoso va rio arriba. Desde esta orilla la margen izquierda se ve exuberante. Contenido por sus barrancas el rio llega hasta el borde e irriga estos valles catalogados como los más fértiles del mundo. Son los bendecidos vasos comunicantes naturales Esta es nuestra reserva agroindustrial y que debemos proteger con celo enorme, como cuida una hembra recién parida su cría, pues es la despensa del desarrollo regional. Camino por la Ronda del Norte y entre sus mangos hoy puerperales y palmeras frescas veo una estructura que se levanta de espaldas al rio, fotografía su comportamiento. Es su imagen, así quieran los conflictos de interés o de elusión de responsabilidad maquillarla. El edificio de la Corporación de los Valles del Sinú y San Jorge, cuyo compromiso sagrado es cuidar nuestro más preciado recurso. La cuenca del Sinu,14.000 mil kilómetros y musculo de 16 municipios cordobeses. El de la leyenda del Zenú con la ortografía errada y el que ha inspirado por sus espumas melódicas el lenguaje universal de los porros.

Inmediatamente viene a mi mente un curioso trastorno neurológico: agnosia visual. Es simplemente, pensar que nosotros vemos por los ojos. ¡Para mirar, hay que interpretar! Para analizar la realidad el cerebro acude a las áreas de asociación, esas que permiten al individuo descifrar las realidades de la percepción visual. El paciente agnóstico conserva la capacidad de ver y su vía visual esta perfecta. Sin embargo, pierde la capacidad de interpretar y este daño está en la corteza visual que se ubica en el lóbulo occipital. Son los ciegos cerebrales. Están imposibilitados para reconocer objetos, situaciones, realidades.

Desconocer la contaminación del Rio Sinú desde su nacimiento, lo que recibe en su recorrido y los vertimientos de aguas residuales con los desechos -cloacas-que recibe en su paso por Montería, desde donde parten   borbotones de coliforme a las poblaciones arriba, convierte a la CVS en una entidad con una agnosia visual que se niega cuidar a los cordobeses. Se la llevó el remolino de la politiquería. Gratitud hacia sus profesionales de carrera, pero deploro y rechazo que los perfiles de su directiva no tengan la estatura para mayúscula responsabilidad

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Eduardo José Burgos Espinosa

M.D. Ortopedista

Mi evolución

Los últimos días he sentido una extraña tristeza rondándome la cabeza y el corazón. La razón la busqué en sitios totalmente equivocados, pero hoy me levanté aceptando la realidad que estaba evitando. Hoy es mi último día en mi lugar favorito, alguna vez lo llamé mi templo de tranquilidad, pese a que sea poco tranquilo lo que pasa ahí. Es el lugar donde aprendí una de las lecciones más importantes de la vida, ser parte de un equipo. Al principio, era como el aguatero. “Burgos, traiga muchas sábanas para levantar la pierna.” Después, con un poco más de responsabilidad, era el que hacía las notas postoperatorias o pedía alguna orden en el sistema. Finalmente, llegó el día en el que el residente me iba a enseñar a cerrar la piel e iba a poner en práctica lo que hacía en cáscaras de bananos o incluso en uvas buscando mayor nivel de dificultad. Eventualmente, ya era yo el residente que le enseñaba al interno a suturar, y también era el residente al que el interno le enseñaba de aquello llamado paciencia.

Hoy termina todo en el mismo lugar q comenzó. Sala 7, paciente con tutor externo en la pelvis, y en las paredes unas radiografías que decían inlet y outlet. Disrupción de todo el anillo pélvico con compromiso en ramas iliopúbica e ilioisquiática izquierdas, fractura del alerón iliaco derecho a dos cms de la articulación sacroiliaca con desplazamiento posterior de la hemipelvis, fractura diafisiaria de tibia derecha y suficientes criterios de Berlín para llamarlo mi primer politraumatizado. El Dr Pesántez duró toda la noche con un residente y un estudiante de séptimo semestre fijando pelvis y tibia, lavando un Morel-Lavallée y explicando cada detalle a residentes que incluso pasaban por en frente de la sala. Hoy en mi última cirugía, en esa misma sala 7, soy yo el capitán del barco (como dice él). Tengo otro fellow a la izquierda, la R4 a la derecha y el R1 en frente. Dos internos a mi espalda con preguntas que de alguna forma tengo que resolver mientras opero, y para finalizar, mis dos profesores mirando todo desde afuera.

Pero también, queda la otra mitad del equipo que hace posible todo. Ellos también estaban hace 11 años, pero en mi inocencia no los vi. Detrás del telón, un equipo parecido al mío con una anestesióloga a la cabeza con la que ya había compartido el camino mientras ella era residente y yo estudiante. En otro rincón de la sala, las instrumentadoras y auxiliares con los que construí una amistad por encima de la relación laboral. Para terminar el equipo, el técnico de radiología que, sin mentirles, es mis ojos en la cirugía. Este es el equipo con el que, a través de estos años, aprendí en mi templo de la tranquilidad. Hoy me voy y cualquiera puede decir: “Donde vayas a trabajar habrá otra sala de cirugía y otro equipo igual de bueno”, y seguramente tiene razón. Pero siempre es triste despedirse de gente que uno quiere y que le demostró cariño a uno. Es por eso que acá dejo otra familia, una a la que espero volver a ver pronto y seguir creciendo con ellos. Gracias a mis profesores por enseñarme a pensar más allá de una radiografía. Gracias a mis residentes por darme ganas de seguir aprendiendo a pesar de lo simple que sea el caso, ustedes fueron el motor de mi crecimiento. Gracias a los que de alguna forma hicieron este camino y este lugar más ameno, y ahora más difícil de dejar.

Como cualquier película taquillera, espero que esta siga. Por ahora, queda una escena. Una última “caderita” de urgencia para terminar de despedirme del lugar que me dio tanto: amigos, amores, hermanos y mentores… Voy a aprovechar cada momento desde que entra el paciente a la sala, conservar cada detalle y disfrutar esas dos horas en las que me meto en el papel y solamente todo fluye.

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